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1891-1900 · Libro

1891. La Minería del Carbón en Chile

Título
Las Repúblicas Hispanoamericanas
Título original
The Spanish-American Republics
Autor
Theodore Child
Fecha de publicación
1891
Lugar de publicación
Nueva York
Editorial
Harper & Brothers
Idioma original
Inglés
Descripción

Obra ilustrada del escritor y periodista Theodore Child, publicada en Nueva York en 1891 por Harper & Brothers. El libro presenta una descripción de las repúblicas hispanoamericanas de fines del siglo XIX, abordando aspectos históricos, geográficos, sociales, económicos e industriales de los países visitados por el autor. Incluye referencias e ilustraciones relativas a Chile y a la zona carbonífera de Lota.

Child, Theodore. The Spanish-American Republics. Nueva York: Harper & Brothers, 1891.

CAPÍTULO VI

LA MINERÍA DEL CARBÓN EN CHILE

Mientras recorría la zona agrícola chilena, me propuse visitar la región carbonífera que se extiende a lo largo de la costa y, por fortuna, hice el viaje en grata compañía. Una tarde, en Concepción, pasaba una hora en la sala de esgrima del profesor X., recién llegado de Francia y establecido de la manera más inesperada en aquella capital del sur —¿quién habría pensado encontrar un maestro de esgrima francés en una ciudad de provincia de Chile?— cuando un muchacho llegó desde el hotel para avisarme que me llamaban al teléfono.

—¡Aló! ¡aló! —exclamé junto al auricular—. ¿Con quién hablo?

—Don Ricardo —respondió una voz bien conocida.

—¿Qué? ¿Don Ricardo? ¿Habla usted desde Talcahuano?

—Sí. Estoy en el club. Hemos cenado juntos, el cónsul, don Julio y yo. Queremos ir a Lota con usted.

Bueno, amigo —respondí—, con mucho gusto. Suban en el expreso de las ocho de la mañana, y yo estaré en la estación.

—Muy bien. ¡Buenas noches!

—¡Buenas noches!

Los caballeros en cuestión eran un miembro de la Cámara de Diputados de Chile, el cónsul de una gran potencia europea y un córnico que, por la duración de su residencia, se había vuelto chileno. Arreglado así el asunto, fui a buscar al ingeniero de la Compañía del Ferrocarril de Arauco para pedirle que nos favoreciera poniendo a nuestra disposición un carro de mano con el que pudiésemos cruzar el célebre y largo puente sobre el río Biobío; pues en aquel tiempo, aunque ya concluido, aquel tramo de la línea esperaba todavía la muy tardía aprobación de los funcionarios del Gobierno chileno. Mi solicitud fue concedida sin demora, y me retiré a descansar, no sin cierta sorpresa al pensar que aquellos episodios telefónicos y otros semejantes ocurrían en la latitud 36° 50' sur.

A la mañana siguiente me reuní con mis tres amigos en la estación del ferrocarril y los conduje hasta el carro de mano; así emprendimos alegremente la marcha y cruzamos con interés el puente del Biobío, pues mide 1.864 metros y es, según creo, el puente más largo del mundo, con excepción de los del Tay y el Forth, y de un puente de madera sobre el Oxus, construido por el general Annenkoff. Consta de sesenta y dos tramos, sostenidos sobre pares de columnas tubulares, cuyas bases cónicas han sido hincadas profundamente en el lecho arenoso del río. Al final del puente nos encontramos en San Pedro, un pequeño campamento compuesto de chozas de caña y cobertizos con techumbres de fierro acanalado. Uno de aquellos cobertizos hacía las veces de estación ferroviaria, y otro era honrado con el nombre de “restaurante”. Como el tren a Lota no partía hasta una hora más tarde, encaminamos nuestros pasos hacia el restaurante con intención de desayunar. Pero, para mi asombro, el diputado sugirió comenzar con champaña y amargos, y el propietario del establecimiento, sin vacilar, sacó dos medias botellas de auténtico Heidsieck; ante lo cual declaré que Chile era, en verdad, un país maravilloso. ¿No estábamos acaso al borde de una tierra casi salvaje, en la provincia de Arauco, en un territorio que hasta hacía poco había estado en poder de indios indómitos? ¿No era aquel restaurante una simple barraca? ¿Cómo explicar entonces estas inesperadas muestras de refinada civilización? Mis amigos me aseguraron que tal era la condición normal del Chile moderno, y con esta explicación quedé satisfecho y desayuné en paz.

La línea por la que viajábamos pertenece a capitalistas ingleses. Se llama la Compañía de Arauco (Limited), y correrá desde Concepción hasta los ríos de Curanilahue, una distancia de 96 kilómetros, transportando mercaderías y pasajeros, pero principalmente carbón. La compañía posee un yacimiento carbonífero por el cual atraviesa la línea, comenzando en el kilómetro 66 y extendiéndose hasta el final del trayecto, en una distancia de 30 kilómetros. El viaje no ofrece particular interés en cuanto al paisaje. La tierra es árida y solo produce matorrales y árboles espinosos de baja altura, útiles para hacer carbón vegetal; no hay irrigación y, por lo tanto, tampoco agricultura, hasta llegar a Coronel, en la bahía de Arauco, y un poco más allá, Lota, con sus verdes bosques trepando por la ladera y contrastando de manera singular con las chimeneas humeantes y la costa estéril circundante. Ese oasis, sin embargo, es enteramente artificial; se trata del parque de Lota, que rodea el elegante château que la señora Cousiño construye ahora para sí sobre el promontorio que domina una vista del Pacífico, de la bahía y de los vastos establecimientos que posee la familia Cousiño a lo largo de la costa.

LOTA — LAS FUNDICIONES Y EL MUELLE.

Nos encontramos aquí en el corazón de la región carbonífera de Chile. Lota es el lugar donde se obtuvo el primer carbón cuando don Matías Cousiño estableció esta industria en 1855. Al principio se experimentaron algunas dificultades para introducir el carbón en el mercado, debido a ciertos prejuicios respecto de su calidad. El carbón de Lota es entre un 15 y un 20 por ciento inferior al carbón inglés para vapor; constituye una sustancia intermedia entre el lignito y el carbón mineral propiamente tal, y pertenece a la formación terciaria inferior. En el distrito de Lota, las vetas de carbón se encuentran principalmente bajo el mar, aunque más al sur aparecen más hacia el interior. Los límites de esta cuenca carbonífera son Tomé, en la bahía de Concepción, por el norte, y Cañete por el sur, siendo la extensión total del campo carbonífero chileno de aproximadamente cien millas. Todos los estratos presentan una inclinación hacia el oeste. En Lota existen tres mantos explotables. El primero tiene un espesor aproximado de un metro. Luego viene una capa de esquisto y arenisca de treinta y cinco metros de espesor, bajo la cual se encuentra el segundo manto, también de aproximadamente un metro de grosor. Más abajo, después de otra capa de esquisto y arenisca de nueve metros de espesor, aparece el tercer manto, el más importante y de mejor calidad, con un espesor de 1,60 metros. El mejor carbón de Lota se extrae desde debajo del mar, donde la calidad es más uniforme y las vetas presentan menos fallas geológicas. La mayor profundidad alcanzada por las galerías submarinas es de 280 metros.

Actualmente, la Compañía Cousiño explota cinco minas, con una producción diaria de entre 800 y 1.000 toneladas, y una producción anual que oscila entre 180.000 y 220.000 toneladas. En ellas trabajan entre 1.500 y 2.000 mineros. Su jornada laboral es de doce horas diarias y perciben salarios que van desde 80 centavos hasta 1 peso con 75 centavos en moneda de papel chilena. Los barreteros y picadores son remunerados según la cantidad de carros de carbón que extraen. Los trabajadores disponen de alojamiento gratuito y de agua gratuita dentro de la propiedad de la empresa. Cada familia recibe dos habitaciones sin pagar arriendo, en sólidas viviendas de ladrillo construidas teniendo en consideración las normas de higiene de la época. Las viviendas para los mineros suman alrededor de cuatrocientas, lo que arroja un promedio de dos habitantes por habitación.

En desarrollo