Mujeres extranjeras
La mujer más rica del mundo: señora Cousino
Con sus 70 millones de dólares, Hetty Green, cuya extraña figura retrató La Vie Heureuse (en octubre de 1902), es la mujer más rica de Estados Unidos, pero no es la más rica del mundo entero. La habitante más acaudalada de este planeta es la señora Cousino, de Chile. Esta particularidad tan envidiada, aunque quizá no envidiable, unida al hecho de que está al frente de sus negocios desde la muerte de su marido, ocurrida hace veinticinco años, y a que reside con frecuencia en Nueva York, explica que habitualmente se la cuente entre los multimillonarios de Estados Unidos.
La señora Cousino, nacida Isidora Goyenechea, posee, según se dice, 200 millones de dólares. Casi tres veces más rica que Hetty Green, forma con ella el contraste más marcado en su manera de hacer uso de la fortuna: es tan pródiga como avara es la otra, tan gran señora como desclasada es la otra.
Aunque se aproxima a los cincuenta años, sigue siendo hermosa, con ese bello tipo español que los años transforman sin alterar sus rasgos tan cruelmente como ocurre en el tipo anglosajón. Tiene dos hijas, las señoritas Pacífica e Isidora, dos retratos vivientes de la juventud de su madre.
El solo anuncio de que la señora Cousino podría fijar en adelante su residencia en Nueva York ha agitado, naturalmente, a la sociedad estadounidense. Las conjeturas corrían acerca de los palacios y villas que necesitaría para ofrecer en Nueva York fiestas semejantes a aquellas con las que acostumbra maravillar a Chile. En efecto, desde hace tiempo algunos oficiales de la marina estadounidense mantienen en vilo a la sociedad neoyorquina con el relato de las recepciones que les ofreció la reina de Santiago cuando, hace algunos años, la flota estadounidense fondeó en Valparaíso. Ella invitó al almirante Upshur y a sus oficiales a visitarla en Santiago. Unos veinte aceptaron. Envió un tren especial para recogerlos. Puso toda la ciudad de Santiago a su disposición. Se avisó a tiendas, restaurantes y teatros que todos los gastos realizados por los oficiales estadounidenses debían cargarse a su cuenta. Ella también les proporcionó caballos y carruajes.
A veces pone una isla a disposición de sus huéspedes y los hace llevar hasta allí en uno de los grandes vapores que componen su flota. Todo está previsto para su comodidad y para las distintas clases de deportes que pueden practicar.
La excursión que lady Brassey relata en su diario de viaje se hizo célebre. La señora Cousino mandó acondicionar uno de sus vapores con todo el lujo imaginable e invitó a otras cinco personas a viajar con ella. Embarcó una orquesta. La provisión de champaña habría bastado para formar un pequeño río.
El barco visitó primero Juan Fernández, la isla de Robinson Crusoe, y luego siguió hasta Tierra del Fuego, donde desembarcaron. Allí, durante varios días, se descorchó champaña, se comió espléndidamente y se bailó en los bosques vírgenes; la civilización hizo, en suma, cuanto pudo para dar a los países salvajes una idea de su superioridad.
Los Cousino y los Goyenechea estuvieron entre los primeros colonos después de la conquista de Chile por los españoles. Sus posesiones reunidas se encuentran ahora en una sola mano, la bonita mano de la señora Cousino. Consisten en minas de plata, cobre y carbón. Las minas de carbón producen mensualmente una renta de 80.000 dólares.
Santiago es la sede del gobierno de esta reina, que cuenta con una flota y un ejército de cortesanos. Allí tiene su palacio, cuyo lujo, galería de pinturas y obras de arte que adornan los jardines resulta superfluo describir. Baste decir que, durante una estadía en París, la señora Cousino confió el amoblado a una de las casas francesas más expertas en la materia. Le dio carta blanca: solamente la factura de las cortinas ascendió a 250.000 dólares.
Ha regalado a la ciudad un parque de 40 hectáreas y un hipódromo.
Su castillo de Macul es una maravilla, no por fuera, sino por dentro. La decoración es de estilo Luis XV, con abundancia de cuadros, estatuas, objetos de arte y muebles excepcionales. La propiedad se extiende desde las puertas de Santiago hasta la cordillera. Trabajan allí varios cientos de obreros; los viñedos suministran una parte considerable del vino consumido en Chile. Se cría una inmensa cantidad de ganado; el criadero de caballos ingleses de pura sangre es célebre en toda la región, al igual que la caballeriza de carreras. La señora Cousino no teme apostar y ganar 100.000 dólares en una jornada de carreras.
La ciudad de Lota, de 6.000 habitantes, situada en la costa meridional de Chile, le pertenece por completo. Está muy cerca de sus minas de carbón, cuyos piques se encuentran casi al borde del agua, lo que reduce el costo de producción al límite más bajo posible. Una flota de siete u ocho vapores transporta el carbón a diversos puertos de América del Sur. Traen de regreso mineral de cobre y plata para ser fundido en Lota. La señora Cousino posee en Lota, fuera de la ciudad y sobre el acantilado, una espléndida residencia que domina la bahía y está rodeada por cien hectáreas de terreno.
Podría creerse que todos estos esplendores y todas estas fiestas apartan a la señora Cousino de sus negocios. Nada más lejos de la realidad: sabe atender al mismo tiempo los negocios y el placer. Posee una habilidad consumada para administrar sus propiedades y sus minas. Ningún detalle se le escapa y no descuida medio alguno para ganar dinero, como demuestran las tiendas de toda clase de mercancías que hizo instalar en Lota y que hacen volver rápidamente a las cajas de su comercio el dinero que distribuyó como salario entre sus mineros.
Siempre se ha negado a volver a casarse. Es una mujer de gran ingenio.
Nota editorial: Traducción al español realizada para Lota Archivos a partir del original francés de 1904. Se conservan los nombres y cifras tal como aparecen en la publicación histórica.
